Madoff: los ricos también lloran


Concluye otra semana interesantísima de esta su telenovela global llamada "Los ricos también lloran".  Los inversionistas millonarios y administradores de bancos, fondos de cobertura, fondos de fondos y fondos de pensión gubernamentales, en fin, la crema y nata de la clase financiera, no pudieron detectar que eran víctimas de una vil pirámide ideada por el pilar de Wall Street, Bernie Madoff.  La Comisión de Valores e Intercambios (SEC por su siglas en inglés), que se supone se dedica a proteger a los inversionistas contra prácticas fraudulentas, tampoco se dio cuenta.

El escándalo Madoff pone al descubierto la gran ingenuidad de los inversionistas víctimas del Sr. Madoff  ya que cuentan que confiaron en él ya sea porque lo conocían personalmente o porque algún conocido lo recomendaba.  Los hechos de que mantenía en secreto su estrategia de inversión, que su fondo nunca presentó pérdidas ni aún durante el mes de septiembre del 2001 en que estuvo cerrada la bolsa y que la empresa de auditoría que contrataba Madoff consistía de tres personas, una de ellas de 78 años y radicado en Florida y otra una secretaria, no crearon sospechas durante años.  

También llama la atención que el fondo Madoff se considerara seguro y conservador porque tan solo redituaba 10% anual.  Por supuesto, en el contexto de que los fondos de cobertura de alto riesgo redituaban hasta el 30%, el de Madoff redituaba poco pero, ¿de dónde sacaron que era seguro?  Pues invirtieron la lógica: entre más riesgo mayores ganancias potenciales, el de Madoff redituaba poco en comparación, luego entonces era seguro.  Vaya, ¿y para eso estudiaron una maestría en finanzas?

¿Qué pasa ahora con el sistema ya que los millonarios, instituciones financieras y fondos de inversión son víctimas del fraude?  ¿Han empezado a cuestionar el sistema en que operan? Pues no, aún no.  Según Alan Greenspan, el modelo de desregulación financiera se basó en su creencia de que las instituciones financieras tienen el interés de preservar el capital de sus inversionistas, por lo tanto, no requieren reglamentación y supervisión gubernamental.  Cuando se desató la crisis, Greenspan se declaró en estado de shock porque los administradores de las instituciones financieras no se habían comportado como personajes de novela barata de Ayn Rand.  Ahora, los encabezados de los medios financieros se declaran igualmente en estado de shock ante la mayor pirámide de todos los tiempos.  Pero aún falta lo peor, que se den cuenta que ya se acabaron los tiempos en que se obtienen ganacias de entre 10% y 30% anual con tan sólo darle el dinero a invertir a un idiota que se conoció en el campo de golf  y esto porque el sistema neoliberal entero no es más que una pirámide que, como toda pirámide, ha llegado a su fin,

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